aún sabiendo que aunque se demorase
su viaje sería de retorno
asiendo las manos pequeñas
de sus amados príncipes, pensaba:
Si al deslizarse los años
rememorarían sus mimos y juegos
sus cómplices sonrisas
o la distancia haría que se internasen
en el sopor del olvido
sobrevolando cerros grises
zonas montañosas bautizadas
por el espejo de un río
que en su descenso les rinde culto
Mientras a escasos metros
entre la arboleda del parque
las aves retornaban a sus nidos
a gozar de la impunidad de la noche
para en cuanto aclarara el día
batir nuevamente al viento sus alas
exentas de pasaportes sobrevolando las olas
ornando el cielo con sus románticas danzas
sus ensortijados y bucólicos trinos
Pero ella negabase a volver a casa
para no tener que encender la luz
prefiriendo andar a tientas
en la oscuridad de la noche
sobre la arena con los pies descalzos
sus lagrimas diluir entre las olas
su corazón cansado de nadar contra corriente
acataba sumisamente el designio del destino
aún anidando en el el temor que el día de mañana
sus amados príncipes no recordasen su rostro
quedando entre las sombras su voz y su sonrisa
consciente que al día siguiente
volvería a caminar en soledad
su alma hasta su retorno
fragmentada entre dos mundos.
