Los oídos del corazón escucharon la milonga argentina
Haciendo que mi sangre demandara
Abrir la puerta que da acceso a mis recuerdos
Para impregnarlos de la suave y dulce fragancia de la Sandáraca
Escribirlos en un papiro con tinta de atramento
Cuando la cérea errabunda luna
Rielara sobre las montañas, sobre los farallones, sobre las
copas de las hayas
Para liberarlos de su propia jaula
Y uno de ellos sirviera de frase en el frontispicio de mi lápida
Y tenía que ser ahora
Antes que el tiempo, amorfos los vuelva
Que la desolación del olvido de ellos se adueñe, eternizándolos en el silencio,
y el corcel de la muerte cabalgue sobre ellos
Así mi sangre lo demandaba
Porque los recuerdos son los ojos del alma
Como la milonga argentina son los oídos del corazón, sobrevolando
los tiempos

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