sentada al borde del acantilado
contemplaba el horizonte
Sus ojos marrones fríos
tristes y lejanos
En sus labios dibujada
una sonrisa burlona
Su corazón exánime
nadie le hacía estremecer
nada le inquietaba
Pero su mente libraba una batalla
dos mundos opuestos
entre ellos se enfrentaban
Uno sombrío, taciturno
ignorante al tiempo y el espacio
inmune a los sentimientos
a la tristeza del ser humano
El otro habitado
por bellos espacios siderales
donde no existían
ni trabas , ni candados
tesorero de peregrinas vivencias
reliquias del pasado
El sol desvaneciéndose tras el horizonte
la obsequiaba sus rayos crepusculares
De pronto una gaviota
que se había mantenido quieta
alzo el vuelo poniendo fin al combate
haciendo que su corazón
volviera a llevar las riendas
que la razón trataba de robarle
| gracias amig@s por vuestro cariño |