su alma cansada
de buscar y no hallar
el amor soñado
emigro a invernar
en el frondoso bosque
ignorando que el Dios Cronos
testigo de su exilio
una sorpresa para ella atesoraba
Entreabriendo los ojos
una mañana de primavera
sintió su piel impregnada
de esencia a romero,
menta y lavanda
Sobre la almohada
cual pétalos de rosas
los versos de un poeta
del amor enamorado
que con infinito mimo
para ella había confeccionado
Reposando en la mesita de noche
la rosa de los vientos
que el dulce poeta había cincelado
inscrita en ella la promesa
que todas las noches
cuando el brillo de la luna cautiva
reflejara en su cuerpo desnudo
volvería a impregnar su piel
de la más embriagadora esencia
a acariciarla hasta llegar al éxtasis
con los dulces versos
por el confeccionados
en tela de marfil aterciopelado
