los dos anhelando en el laberinto del corazón reverberar su tañido
reptar por el alma transmutados en escudos, túnicas doradas, estigmas
En hálito sincronizado, en lineas danzarinas
En notas de guitarra agudas y cristalinas
En aroma de incienso deslizándose por la espalda desnuda
En corcheas y fusas enroscadas en la misma partitura
En dos pergaminos atados por el mismo cordón de vellocino
En dos burbujas de jabón mecidas noche tras noche por la misma fantasía
Su delirio colmar en la misma copa de vino
Sus te quiero alojados en el mismo monedero
En sonidos de pisadas traspasando la puerta estrecha que separa su encuentro
En dos inseparables cabezinegros surcando el alicatado del cielo
esperando que el sol se despidiera para hacer su nido
en los pétalos rojos de una rosa, en trompetas de ángeles
niqueladas por el brillo enigmático de la luna
