poemas de amor body{ cursor:url(http://cuw.iespana.es/archivos/amor07.ani);} poemas de amor ozna-ozna : Midgar y el Sol ozna-ozna

martes, 26 de abril de 2016

Midgar y el Sol ozna-ozna

El sol de la tarde comenzaba el ritual de su despedida.
Su figura iba disminuyendo por el horizonte mientras las estrellas se preparaban a entregarse a sus reflexiones.
Al observarlo una sensación de incertidumbre fue recorriendo los poros de la piel de aquella mujer de cintura estrecha y tristeza en los ojos.
Al preguntarse si el desconocería lo mismo que ella.
Si el Amor en verdad tenia su morada en Midgard la tierra de los hombres, si en otras vidas anteriores habían sido mares nutridas sus entrañas por los ríos, si serían brujos perseguidos cual lobos por el clero y legisladores.
En el silencio solo se escucha el sonido fuerte y largo de los búhos machos para establecer su territorio, para advertir que se mantengan alejados a los depredadores, para que las hembras a ellos les respondan, y ella anhela que aquellos tonos lleven lejos la rutina de la vida que aniquila los miembros, que muerde las carnes sin prisa, lentamente con ruido monótono.
Con gesto sereno sigue mirando mientras fuma al horizonte y de vez en cuando suelta por los ángulos de la boca una lánguida bocanada de humo quedando por unos instantes breves flotando en el aire y ella busca en el la respuesta del porque no se puede acariciar al Amor con solo alargar la mano, si a veces cree percibir en los labios su cálido aliento sedoso.
Acaso es que lo tenían atrapado las montañas, lo habían enterrado en un nicho herméticamente cerrado, o había quedado paralizado, estático en la fina linea que une el cielo y el mar.
La noche se va desvaneciendo y el corazón de ella con cábalas consumiéndose, mientras los segundos escapan volando cumpliendo leales su tarea urgente y sumatoria
Pronto se escuchará movimiento de pasos sobre el impersonal asfalto corriendo a ninguna parte como locos, sin mediar palabras entre ellos, sin un anhelo encendido en los ojos
Y la sangre de ella primitiva peregrinando por sus venas la hace saber que la vida no era aquella, que debajo de la bóveda celeste existen otros mundos mejores, mientras el humo rizado del cigarrillo ganando distancias se va deshaciendo en el aire poco a poco.
Mientras, el sol asomaba la cabeza receloso, e iba sintiendo como al contacto de la calidez de su chorro temblaba excitante Midgard anhelando que copulara con ella sin reserva, como un titan de amor loco.
Pero aquella mujer ya no sería testigo de aquel encuentro vocálico amoroso, pues en el viento de levante solo se distingue de ella su figura borrosa.

Infinitas gracias entrañables amig@s por a mis humildes letras vuestro respeto y cariño.
ozna-ozna
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