Con tragicómicas y deshilachadas vivencias.
Con desintegrados actos de amor.
Amparado por el rumor de las olas,
por el color dorado del sol.
Un hombre sin objetivo alguno.
Sin relojes, ni nada ni nadie,
transita entre el pasado, el presente y el olvido.
Y sabiendo con certeza que unos hilos arcaicos los une,
comparte su verdad con el mar.
Verdad que hasta a los rapsodas, los haría conmover.
Y ese hombre abandonado en la incertidumbre
recibe un mensaje de él, inaudible para los demás.
Que no es otro:
Que su yo moribundo naufragará en la arena.
Y sin gestación, ni dolores de parto.
Un nuevo yo renacerá
en su cuerpo adulto
Renacimiento que los ancestros denominaban.
Instinto de perpetuación