Para que de inanición no fenezca su espíritu indomable
entrelaza relatos de amor
con la luna vestida de muselina blanca
Relatos que no conocen dueño
ni permiten ser amordazados
Huyendo del vulgo ignorante
de pirómanos de esperanzas
de falsos profetas que infectan todo con su falacia
Los latidos de su corazón, paren versos que exaltan
Versos que desentumecen los sentidos
Erizan el alma
Y así sin resentimiento
va envejeciendo la loba ermitaña
con su lucidez y disidencia intactas
Confraternizando con Vaélico y Nabia
Hundiendo las raices de su epígrafe en el mar
